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miércoles, 21 de marzo de 2012

Cómo afecta el cambio de hora a nuestros hijos




La madrugada del 24 al 25 de marzo, habrá que adelantar una hora las manecillas del reloj, como cada primavera. Esto permite ganar más luz por la tarde, pero puede alterar el ritmo sueño-vigilia de los niños.

Llega la primavera y, con ella, la cita habitual con el cambio de hora. Este año, el reloj deberá adelantarse una hora en la madrugada del 24 al 25 de marzo. Se trata de una medida que, hace ahorrar, aproximadamente, el 5% del total de consumo eléctrico, lo que equivaldría a unos 300 millones de euros, según datos del Ministerio de Industria.Sin embargo, este ahorro se "paga", en parte, con algunas molestias para nuestro organismo, que notan tanto los adultos como, sobre todo, los niños.
- Con el cambio de hora, además de perder una hora de sueño, todos los horarios de las comidas del día siguiente se adelantan, al menos, en teoría. ¿El resultado? Dificultades para dormir por la noche y somonolencia durante el día, con inapetencia, mal humor e irritabilidad. Este trastorno puede prolongarse incluso durante una o dos semanas, especialmente, en los más pequeños.


-Todas las funciones biológicas, desde la temperatura corporal a la presión y las actividades metabólicas, están basadas en un ritmo circadiano, que, durante las 24 horas, alterna actividad y reposo, en el ciclo vigilia-sueño. El hecho de desplazar una hora el "sincronizador" crea un ligero desfase.
¿Cómo hay que preparar a los niños?- Para evitar que los niños pierdan tiempo de sueño, hay que prepararles de forma gradual. Lo ideal sería empezar unos días antes, adelantando la hora de irse a dormir a la cama y de despertase unos diez minutos cada día. Los horarios de las comidas también deben ir adelantándose.
- En los días siguientes al cambio de hora, el niño recupera el ritmo. Si el esquema de recuperación no se ha aplicado antes del cambio de hora, también podrá hacerse a partir del día siguiente, pero al contrario: si el niño se iba a dormir a las nueve, las noches siguientes al cambio de horario podrá irse a la cama unos minutos más tarde, pero también deberá poder despertarse más tarde por la mañana.


- Es conveniente preparar al niño un desayuno muy apetecible, para recuperar energía.




En fin no sé si con estos consejos lograremos que nuestros hijos recuperen su rutina, pero algo nos ayudará.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

CHUCHERÍAS Y GOLOSINAS

¿Qué son las chucherías?
Los hábitos alimentarios de la infancia y de la adolescencia se caracterizan por el abuso en el consumo de chucherías o “chuches”, expresión coloquial con la que aludimos a un conjunto de productos dulces y salados, de formas y sabores diversos, de escaso o nulo interés nutricional y que se toman a cualquier hora del día.
Para este fin de “comer entre horas” o “picotear” se pueden emplear diversos grupos de alimentos con distintas características nutricionales, tales como:
• Golosinas y dulces (caramelos, gominolas, chicles,...): en su composición predominan los azúcares y las grasas, además de los aditivos.
• Chocolates (bombones, huevos de pascua,...): cacao y azúcar, además de leche, manteca y grasas. Cuando a estas barritas de chocolate y galleta se asocian frutos secos y caramelo (“snacks”) su contenido calórico se dispara.
• Aperitivos (Patatas fritas, cortezas, frutos secos,...): grasas y aceites con elevado valor calórico y exceso de sal.
• Batidos, yogures y helados: leche y aditivos, en el mejor de los casos.
• Zumos: pocas calorías, bastante azúcar y mucha vitamina C... pero siempre es mejor la fruta entera (fibra).
• Bollos y galletas: hidratos de carbono y grasas (la mayoría de coco o animales, que son grasas saturadas, es decir las que empeoran el colesterol sanguíneo).
Los tres primeros grupos son los que más se ajustan al concepto de “chuches”, siendo los más empleados por los niños españoles (en esto también influyen las costumbres).

¿Se deben considerar alimentos?
Claro que sí. El diccionario de la Real Academia Española define chuchería como "alimento corto y ligero, generalmente apetitoso”, mientras que golosina como “manjar delicado, generalmente dulce, que sirve más para el gusto que para el sustento” o “cosa más agradable que útil”. Son pues “alimentos vacíos”, calóricos pero con escaso valor nutritivo. Se deben cuantificar y tener en cuenta al realizar la encuesta dietética del niño. Valgan como ejemplos que una bolsa de patatas fritas pequeña de 44 g tiene 250 calorías, una barrita de chocolate con galleta de 21 g tiene 110, 100 g de gominolas 360, ó 100 g de cacahuete pelado más de 600 calorías.
¿Pueden ser perjudiciales?
Su abuso puede tener consecuencias no deseables, favoreciendo:
• Inapetencia: el tomar a voluntad, sin ningún control, este tipo de productos provoca falta de apetito cuando llega el momento de la comida convencional. Sus calorías vacías provocan la saciedad suficiente.
• Caries: son en su mayoría azúcares refinados que favorecen el desarrollo de los microorganismos que atacan la placa dentaria. No es posible mantener la necesaria higiene dental cuando se están consumiendo estos productos en cualquier momento del día.
• Alergia: los aditivos dan color, sabor y aroma que contribuyen a potenciar atractivo. Algunos pueden ser acumulables favoreciendo reacciones y erupciones en la piel (urticarias o brotes de dermatitis atópica) o incluso asma (colorantes azoicos).
• Obesidad: Son productos hipercalóricos. Si la cantidad de azúcares ingerida sobrepasa los límites de almacenamiento, el exceso de glucosa en sangre se transforma en grasa en el tejido adiposo. Además la instauración del hábito el consumo de tentempiés sobre una ingesta diaria de calorías que ya es apropiada, producirá un aumento de peso. Cada día es más frecuente ver en
nuestras consultas la evolución de preescolares “que no comen” hacia escolares obesos, al coexistir una dieta “al gusto y sin horarios” con un aumento del sedentarismo (deberes, televisión, videoconsolas, etc.). Debe evitarse especialmente el creciente hábito de ver la televisión comiendo simultáneamente algún tipo de chuchería.
• Atragantamientos: Probablemente es la urgencia con riesgo vital más frecuente en la infancia... con el agravante de que muchas veces es evitable. La comida es un acto que requiere su atención, evitando distracciones: se debe procurar que el niño no corra, ría, llore o hable con comida en la boca. Los frutos secos no se ofrecerán a menores de 4 años.

¿Se deben prohibir?
No, los niños deben hacer cosas de niños (sobre todo si sus amiguitos las comen). Aunque resulte paradójico, pueden ser una buena excusa para “reforzarle” buenos hábitos sobre los que poder realizar excepciones. Incluso pueden ser útiles para incentivar el autocontrol del niño. Es mejor el “por haberte portado bien, este fin de semana puedes tomar 2 chicles sin azúcar”, que el “si no lloras en el médico te doy un chupa-chups”: el niño hará mal las cosas para que el padre “venga a negociar”.
Es preferible que los “refuerzos positivos” sean indirectos y por acciones pasadas. Entonces, ¿cómo y cuándo tomarlas? • Se deben pactar un número de golosinas máximo a la semana.

No es conveniente que todos los días se tomen: debe haber “días sin chuches” (la mayoría) y “días con chuches” dentro de la semana, para que el niño comprenda que son excepciones justificadas (un cumpleaños, fin de semana, etc.).
• Procure diversificarlas (no todas las “chuches” son nutricionalmente iguales) y distribuirlas para evitar sobrecargas puntuales de azúcares. Si puede elegir, mejor las que pesan menos: con el mismo volumen o cantidad (es lo que percibe el niño) ingerirá menos calorías.
• Evite el “picoteo continuo”: Se deben agrupar y tomarlas “como postre” de una de las comidas. Mejor sentados a la mesa, evitando atragantamientos.
• Y siempre después un buen cepillado dental.
• Y RECUERDE: NINGÚN NIÑO MENOR DE 4 AÑOS DEBE TOMAR FRUTOS
SECOS.
Esta sección ha sido elaborada por Jesús Mª Pascual Pérez y Cristina De Hoyos López, pediatras,
y revisada por el equipo de webmasters Web de la AEPap